miércoles, 27 de noviembre de 2013

Siempre, está demostrado.

Esas ganas de quitarte tus labios juntándolos con los míos, esa atracción entre miradas tan solo cortada por la imposibilidad del momento. Si bien es cierto que esos labios estaban ocupados en aquel momento, más lo era que quizás en ese mismo instante ya comenzaba a plantearse si su sitio correcto era estar entre mis brazos. Sí, así era. Ahí había algo que no era correcto, y es que desde aquel abrazo que decía con palabras mayúsculas "te protegeré siempre" desde aquel mismo momento ya debería de haberme quitado el aliento a besos. No fue así, aunque sí lo sería más tarde, mejor... "Las cosas buenas se hacen de rogar" - me dije. Pero no se trataba de una cosa buena, era lo mejor y yo lo sabía, incluso antes de saber lo perfecto que era tenerla ya sabía sin duda alguna que era ella, ella tenía que ser.  Es más, ya se me escapaba alguna lágrima por la rabia que me daba el no saber como sacarle de ahí y conseguir que fuese mía, hacerle feliz. Era un miedo a perderle, incluso antes de tenerle. Desde entonces mi empeño fue máximo, nada me paró. Ni tan siquiera me inquietó todas las dificultades, yo solo tenía puesto los ojos en ese algo que más que querer, necesitaba. Aunque todavía no supiese cuanto...
Y así fue, al mismo tiempo que yo dejaba salir ese lado protector, esa parte mía que tanto quería dar, pero que nadie supo tener,  ella también hacía lo propio. Cada uno a su manera, pero los dos dándose cuenta de que por fin alguien los apreciaba tal y como eran. Sin darse cuenta estaban rompiendo todo lo que había por romper, pero sin embargo, irónicamente, estaban creando al mismo tiempo su historia, una que ninguno de los dos jamás habría imaginado que llegaría a tener.
Un 21 de Abril, con varias indirectas ya lanzadas a quemarropa, indirectas que mostraban ese deseo que los dos tenían por comerse el uno al otro hasta los huesos, tras toda esa teoría empezó la práctica. Si es verdad que el primer roce apareció en otro momento, sí... ella seguía intentando demostrar su inocencia, pero yo sigo pensando que aquel beso no era ningún accidente. Eso sí, nos enseñó que romper las normas también sienta bien, muy bien sin duda.  Como iba diciendo, aquel otro día, el del segundo beso - que por cierto no me lo puso nada fácil - aquel día fue en el que por fin, tras tanto caerse en vano, por fin las cosas empezaban a salir bien. 9 días más tarde, - y sin olvidar aquellos patios, pequeños momentos en las escaleras en los días lluviosos - El día 30 me decidí por hacer oficial algo que estaba más que claro, pero no de ninguna forma cutre y sencilla que se tiene ahora, no... Ella quería algo original, y si algo bueno tiene ser tonto, es que las tonterías son originales. Y allí estaba yo, arrodillado en medio del patio, con la chica a la que amaba con la cara cual tomate. ¡Para echarle una foto y reírme dentro de unos años de ello! Yo me sentía como el gran imbécil que soy, y más aún porque no sabía todavía que decir. "Lo original y el ridículo ya está hecho, ahora me toca la frasecita de los cojones"
Tras decirme esto para mi mismo, ahí estaba mi frasecita: ¿Amber, quieres salir conmigo? Imaginaros mi cara de póker cuando la chica, que más que un tomate ya era el rojo en persona, decide irse para clase. Mientras, yo le acompañaba al mismo tiempo que reía, como siempre río después de una de mis locuras.  Y así, tras dos horas en las que me dieron varios instintos suicidas a la vez que me reía sin razón... Me viene la muy capulla de la niña y me dice que lo siente y que sí, que sale conmigo. ¿PERDONA? ¿Que me pides que sea original, me arrodillo ante ti, me mandas al carajo y luego me aceptas de la forma más cutre del mundo? Sí, sin duda alguna esa idiota era mi chica perfecta.
Y así es como empezó, oficialmente claro, empezar empezó mucho antes. Podríamos decir que incluso antes de Francia a mi ya me daba por fijarme en la parte trasera de esa muchacha, ejem... Más allá de todo esto, es imposible explicar todo lo que he llegado a sentir, tantísimos momentos. Aquel verano fue sin duda el mejor de mi vida, con alguien con quien compartirlo. Aún me acuerdo cuando no le dejaba entrar a mi casa si había alguien, ¡pero seré idiota! Poco a poco eso fue cambiando, la confianza aumentaba y todo iba perfecto a su lado. Risas, enfados, momentos abrazados.. Pero sobre todo besos, muchos besos. Aguantábamos todo juntos y disfrutábamos de cada momento.
Tres semanas tuve que estar sin ella, dos mil no sé cuantos kilómetros me decía ella que nos separaban, pero no fue así. Nos unió más de lo que nunca habría imaginado. Muchísimas peleas sin duda, pero sobre todas las cosas esas ganas infinitas que iban aumentando, de vernos y comernos enteritos. Esa timidez al tocar el tema que ya adelanto que se tocó y bien a la vuelta. Sí, 21 días en los que siempre le enviaba un mensaje -tamaño biblia, más o menos- Con el cual intentaba conseguir que ella se levantase riendo, y tanto que lo hacía. Incluso le mandé mensajes el único día que salí de fiesta. Allí estaba yo, con algún chupito que otro en el cuerpo, sentado en unas escaleras de la playa intentando mandar un mensaje de esos míos, a la vez que buscaba las teclas claro. ¡Pero lo conseguía!
Luego llegó la vuelta, tantos días imaginando como sería y al final cuando estábamos allí, al vernos, lo único que pudimos hacer fue sonreír y matarnos a besos. Algo había cambiado, si justo antes de irse ya se notaba cierta intensidad en los besos, ahora se había triplicado. El resto del verano fue simplemente perfecto. Todo era mejor que antes, todo. Y nuestras ganas de comernos eran demasiado grandes, pero eso me gustaba. Sí, lo prohibido se iba rompiendo poco a poco, nosotros cada vez más atrevidos... de ahí hasta un 26 de Agosto hay muchísimos momentos sin duda, pero hay que resaltar que aunque fue un comienzo algo revoltoso, ese día los dos pillamos una pequeña gran adicción a.. dormir, sí, eso es... ¡dormir! A partir de ahí la confianza era total, cada vez mayor. ¿Qué más voy a contar? Si todo lo que haya dicho solo lo puede comprender dos personas, esas dos que tienen la suerte de estar juntos. De, siendo tal y como son realmente, ser felices y tenerse el uno al otro.
Que esto acaba, pero de empezar. Porque esas siete letras se van a cumplir, u ocho. Eso no importa mientras sea contigo. Porque nos amamos, de aquí a Sudáfrica, luego a Guatemala y de ahí ida y vuelta. Que esto es de verdad y para siempre. Que si tú sonríes, yo sonrío. Eso sí... hasta que duela. QUE TE NECESITO. Y que mientras escribo todo esto, te estoy echando de menos. Porque ya lo sabes, aquí sobran palabras y me faltas tú. Faltan besos y sobra la ropa. Quiero tenerte de cerca de tal manera que ni pase el aire entre nosotros, joder.
Puede que me falten cosas por decir, pero esas me las guardo para susurrártelas a los labios.
Ei enana, te amo un poquito mucho. Y esto es para siempre.